martes, 25 de marzo de 2014

LOS DISCÍPULOS Y LAS ESCRITURAS. Lección 01. Sábado 28/12/13 al Viernes 03/01/14 - TRIMESTRE 1 - 2014



LECCIÓN 01, Para el Sábado, 04 de Enero (2014).


LOS DISCÍPULOS Y LAS ESCRITURAS.

                 
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Lucas 4:1-12; Mateo 12:3-8; 5:17-39; Lucas 24:13-32; Hechos 1:16-20.

PARA MEMORIZAR:
"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Juan 5:39).

USANDO UN DETECTOR DE METALES de segunda mano, el británico Terry Her bert descubrió armas anglosajonas bañadas en oro y artefactos de plata, enterrados bajo el campo de labranza. El valor monetario del hallazgo excedía los cinco millones de dólares.
Como alguien que busca tesoros en un campo de polvo, rocas y desperdicios, debemos ser cuidadosos de no permitir que las cosas se pongan en nuestro camino y nos hagan perder de vista el verdadero tesoro: Jesucristo. Buscando riquezas eternas, los fariseos y los saduceos, por igual, "excavaban" los antiguos escritos sagrados. Irónicamente, su mapa del tesoro, las Escrituras, era leído en forma tan radicalmente deficiente que perdieron de vista a Jesús.

De un modo explícito, Jesús incorporó las Escrituras en su metodología para hacer discípulos. La búsqueda definitiva del "tesoro" estaba basada en los escritos proféticos, que lo señalaban a él. Por eso, perder a Jesús es errar el blanco. Esto significa, entonces, que toda actividad para hacer discípulos debe ser, al fin, acerca de Jesús y de lo que hizo por nosotros.







Domingo, 29 de diciembre (2013).
JESÚS Y LA BIBLIA.

Como Jesús es el ejemplo para todos los creyentes, su nivel de compromiso con las Escrituras llega a ser más que un asunto de interés pasajero.

Lee Lucas 4:1 al 12, y 16 al 21. ¿Qué sugieren estos pasajes acerca de la actitud de Jesús hacia la Biblia?

El relato de las tentaciones de Jesús en el desierto muestra que, citando las Escrituras, Jesús rechazó cada desafío e invitación de Satanás. Es muy pro­bable que los rollos no hayan estado disponibles para Jesús durante los cua­renta días de su permanencia en el desierto. Esto indica, claramente, que Cristo había memorizado porciones importantes de las Escrituras. Mientras los textos citados en el desierto fueron tomados de los escritos de Moisés, en diferentes ocasiones Jesús citó otras partes de las Escrituras hebreas (Mat. 21:42; 22:44). Es evidente: Cristo tenía un conocimiento amplio de las Escrituras.
Sin embargo, nota que Cristo comprende que las Escrituras son más que solamente una herramienta para vencer las tentaciones y lograr la santidad per­sonal. Jesús reconoce que las Escrituras lo señalan a él. Durante su visita a la sinagoga registrada en Lucas 4:16 al 30, Jesús cita Isaías, y luego declara que ese texto lo señalaba como el Ungido, para liberar a los oprimidos y proclamar libertad. Jesús entendió que él cumplía las profecías mesiánicas. De este modo, Jesús no solo comprendió que la Biblia lo señalaba a él, sino también temprano en su ministerio usó la Biblia para llamar la atención de otros a sí mismo.

Aunque es importante conocer la Biblia, eso solo no es suficiente. Algunos de los eruditos bíblicos más famosos no han sido siquiera cristianos creyentes. Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestra lectura y nuestro estudio de la Biblia nos ayuden a conocer mejor a Jesús y lo que él hizo por nosotros?







Lunes, 30 de diciembre (2013).
LA AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS.

Lee los textos que siguen. ¿Qué nos dicen acerca de la forma en que Jesús consideraba la Biblia? Mat. 5:17-20; 12:3-8; 15:3-11; Juan 10:34-37; 17:14-19; Luc. 24:44.


Cada vez que Cristo debatía con las autoridades religiosas, no se apoyaba en una filosofía abstracta, ni siquiera en su autoridad personal, sino en las Escri­turas. Cuando tenía que decidir entre lo correcto y lo incorrecto, Jesús basaba su argumento en un fundamento bíblico. Cuando los adversarios desafiaban la pureza doctrinal de Cristo, él los guiaba hacia pasajes específicos de las Escri­turas. Cuando consideraba asuntos prácticos, Jesús se dirigía a la revelación divina. Cristo entendía que su misión, dada por Dios, era cumplir lo que habían predicho los profetas.
La exaltada comprensión de las Escrituras que tenía Cristo contrasta con las actitudes generalizadas que a menudo muestran los profesos cristianos de hoy. Confesiones cristianas enteras han llegado a considerar que la Biblia es intere­sante pero que son manuscritos históricos no confiables. Todo -la creación en seis días, el Éxodo, la resurrección corporal de Jesús (y mucho más la segunda venida literal)- ha sido puesto en duda o relegado a la condición de mito.
Lo que esto conlleva para el discipulado es claro. ¿Por qué alguien querría dar su vida a una causa basada solo en mitos? En cambio, la gente abrumada con problemas reales necesita un Salvador real. De otro modo, el evangelio llega a ser un tesoro herrumbrado o, metafóricamente, monedas de plástico cubiertas con oro de imitación. A la distancia, alguien podría ser engañado, pero al examinarlas más de cerca, el plástico sería rechazado. El único camino seguro es seguir el ejemplo de Cristo de exaltar, honrar y obedecer la Biblia.

La muerte no es un mito ni un símbolo. Es una de las realidades más crueles que todos afrontamos. Piensa en lo que implica para el concepto de la Biblia que las enseñanzas bíblicas, tales como la resurrección de Jesús o su segunda venida, se traten como meros símbolos o mitos. ¿Por qué nosotros, individual­mente y como iglesia, no debemos permitir que Satanás nos entrampe en esto?







Martes, 31 de diciembre (2013).
PROCLAMACIÓN PÚBLICA.

Jesús atraía a la gente hacia sí en diversos ambientes, incluyendo ocasiones públicas. Las Escrituras ocupaban un lugar prominente en las proclamaciones públicas de Cristo. Citas directas y alusiones bíblicas llenaban sus sermones y sus discursos públicos.

Lee Mateo 5:17 al 39. ¿De qué maneras nos muestran estos versículos el modo en que Cristo usaba las Escrituras en su ministerio público?


Durante la peregrinación de Jesús sobre la Tierra, la relación de los israelitas comunes con las Escrituras era, en apariencia sumamente legalista. Mi­raban las Escrituras buscando reglas y orientación ética. Consideraban que con una conducta correcta se pagaba la felicidad eterna. Sin embargo, Jesús trastornó sus conceptos legalistas y sustituyó un sistema de controles externos por una religión basada en el corazón.
La religión centrada en Cristo se arraiga en una transformación del corazón que conduce a una conducta ética. Irónicamente, algunos de los fariseos ha­bían pasado de largo una relación viva con Dios en su afán por alcanzar la perfección moral. Jesús identificó estas fallas y, como curación de ellas, in­vitó a sus oyentes a aceptarlo como su Salvador y Maestro. Con Jesús como la fuerza controladora interna, las normas de conducta no disminuyen, sino que se elevan. Todo lo que uno tiene que hacer es leer el Sermón del Monte para ver cuán altas son sus normas morales.
"Estas palabras resonaron en los oídos de la muchedumbre como algo des­conocido y nuevo. Tal enseñanza era opuesta a cuanto habían oído del sacer­dote o el rabino. En ella no podían notar nada que alentase el orgullo ni estimu­lase sus esperanzas ambiciosas, pero este nuevo Maestro poseía un poder que los dejaba atónitos. La dulzura del amor divino brotaba de su misma presencia como la fragancia de una flor. [...] Todos comprendían que estaban frente a Uno que leía los secretos del alma, aunque se acercaba a ellos con tierna com­pasión" (DMJ 11).
Ser legalista, crítico y condenatorio es más fácil de lo que pensamos, ¿verdad? ¿Cómo podemos protegernos de caer en estas prácticas comunes?







Miércoles, 01 de enero (2014).
EL MINISTERIO PERSONAL.

Abundan los ejemplos del ministerio público de Cristo. Igualmente fascinantes son sus encuentros personales, tanto con personas comunes como con miembros de la élite social. Estas historias ofrecen vislumbres singulares de la centralidad de la Escritura en el ministerio de Cristo.

Lee Juan 13:18 al 20; y Lucas 10:25 al 28 y 24:13 al 32. ¿Qué lugar ocu­paron las Escrituras en estos pasajes? ¿Qué propósito tenía Jesús al citar esos versículos específicos? ¿Qué resultó de estos encuentros de pequeños grupos con las Escrituras?

Repetidamente Cristo citó las Escrituras junto con su llamado al discipu­lado. Esto muestra con claridad que la autoridad de Jesús y su credibilidad des­cansaban sobre las Escrituras, no solo sobre el carisma personal. Esto se ve especialmente en la manera en que Jesús usó las Escrituras al trabajar con dos discípulos potenciales que estaban en camino a Emaús.
"Empezando con Moisés, Alfa de la historia bíblica, Cristo expuso en todas las Escrituras las cosas concernientes a él. Si se hubiese dado a conocer pri­mero, el corazón de ellos habría quedado satisfecho. En la plenitud de su gozo, no habrían deseado más. Pero era necesario que comprendiesen el testimonio que les daban los símbolos y las profecías del Antiguo Testamento. Su fe debía establecerse sobre estos. Cristo no realizó ningún milagro para convencerlos, sino que su primera obra consistió en explicar las Escrituras. Ellos habían con­siderado su muerte como la destrucción de todas sus esperanzas. Ahora les demostró por los profetas que era la evidencia más categórica para su fe.
"Al enseñar a estos discípulos, Jesús demostró la importancia del Antiguo Testamento como testimonio de su misión" (DTG 739, 740).


Medita en Lucas 24:32, especialmente en la frase: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros?" ¿Qué significa eso? ¿Cuándo fue la última vez que tu corazón ardió por las verdades que nos han sido dadas? Si ocurrió hace mucho tiempo, ¿podría ser que tu corazón se haya enfriado? Y si es así, ¿cómo puedes cambiar?







Jueves, 02 de enero (2014).
LA GENERACIÓN SIGUIENTE.

Como vimos, sin duda Jesús puso gran énfasis en la Biblia. Nunca cuestionó la autoridad, la veracidad o la autenticidad de un solo texto bíblico. Y, no obs­tante, a través de los siglos y aún hoy, muchas personas hacen precisamente eso.

Lee Mateo 12:15 al 21; Marcos 1:1 al 3; Hechos 1:16 al 20; 3:22 al 24; y Romanos 10:10. ¿Qué nos dicen estos textos acerca de la forma en que los primeros cristianos consideraban las Escrituras? ¿Qué lecciones pode­mos extraer de esto para nosotros mismos y el modo en que nos relacio­namos con la Biblia?


Los primeros autores cristianos siguieron la práctica de usar la Escritura para autenticar la condición de Mesías de Jesús de Nazaret. En efecto, ellos decían que el cristianismo estaba inextricablemente conectado con la autorrevelación de Dios por medio de las Escrituras hebreas.
Jesús mismo había apelado a estos escritos sagrados. Ahora, los discípulos de Cristo hacían lo mismo. Las apelaciones a la experiencia personal, a los milagros y a otros testimonios en favor de Cristo eran importantes y tenían su lugar; sin embargo, obviamente nada reemplazaba las Escrituras como el testimonio principal en favor de Jesús.
Los primeros seguidores de Cristo procuraron la conducción de la Escritura en relación con la misión de la iglesia, sus prácticas diarias y su disciplina es­piritual. La especulación humana y el trabajo de tanteo se minimizaron; la Escritura llegó a ser preeminente. La consideración con oración de la revelación de Dios era evidente en los concilios de la iglesia (ver Hech. 15). La Escritura tocaba cada aspecto de la vida de la iglesia primitiva.
¡Cuán necio sería, entonces, que nosotros, especialmente al fin del tiempo, tuviéramos una actitud diferente hacia la Biblia!


¿Cómo podemos aprender a hacer que la Biblia esté en el centro de nuestra fe y usarla para que nos señale a Jesús? ¿Cuáles son algunas formas prácticas en que podemos permitir que la enseñanza de la Biblia impacte realmente en nuestra manera de vivir y de relacionarnos con los demás?







Viernes, 03 de enero (2014):
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee "La enseñanza y el estudio de la Biblia", La educación, pp. 185-192; "El viaje a Emaús", El Deseado de todas las gentes, pp. 738-742; y "Tesalónica", Los hechos de los apóstoles, pp. 182-189.
"Cristo había abierto en su ministerio la mente de sus discípulos a estas profecías. [...] Pedro, al predicar a Cristo, había obtenido sus evidencias del Antiguo Testamento. Esteban había seguido la misma conducta. Y también Pablo, en su ministerio, recurría a las Escrituras que predecían el nacimiento, los sufrimientos, la muerte, la resurrección y la ascensión de Cristo. Mediante el inspirado testimonio de Moisés y los profetas, probaba claramente la identidad de Jesús de Nazaret como el Mesías, y mostraba que desde los días de Adán era la voz de Cristo la que había hablado por medio de los patriarcas y los profetas" (Hap 182).







PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

    ¿Cuáles son algunas maneras prácticas en las que puedes incorporar las Escrituras en tu rutina diaria? ¿Cómo puedes usar la Biblia en tu testificación personal?
    ¿Por qué enfatizó Jesús la interpretación de las Escrituras en vez de los milagros y el carisma personal? ¿Qué ocurre si la música, el mensaje de salud, los actos sociales o cualquier otra cosa reemplazan la Biblia como el centro de nuestra fe?
    ¿Cuán dependientes deben llegar a ser los cristianos de hoy? Evalúa la importancia de las Escrituras en la vida de tu iglesia con respecto al estableci­miento de prioridades, el uso de los recursos y la fidelidad a la misión.
    Medita en el hecho de que, en la Biblia, no hay ninguna indicación de que alguno de los autores bíblicos tuviera dudas sobre la veracidad o la autenticidad de cualesquiera de los otros textos. ¿Por qué esto debe ser tan importante para nosotros hoy, en una época en la que parece que muchas personas, incluyendo eruditos bíblicos, hacen que su primera prioridad sea desafiar la verdad de la Biblia en todos los niveles?

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